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Entre el socialismo de estado y el capitalismo
laissez faire existen una multitud de sistemas híbridos que van tomando
distintas molduras de acuerdo a las particularidades de la ingeniería política
local. Los sistemas de concesión y la forma de entender los servicios públicos van variando de acuerdo a las experiencias, los intereses y las ideas del momento.
En el caso particular de Argentina, la legendaria “patria
contratista” ejerce su soberanía en los hechos hace casi una centena. Grupos de
grandes empresas proveedoras del Estado monopolizan y usufructúan los beneficios
de los grandes contratos estatales y de los mega-subsidios “generosamente”
otorgados por los presupuestos gubernamentales, protegidos siempre por la
sombra del poder político.
Explica el tributarista Antonio Margariti que
existen dos tipos de capitalismo. Uno prebendario, clientelar y de fuerte arraigo en el arribismo
y el amiguismo político y otro ètico y competitivo que depende de la pasión
creadora de individuos emprendedores, que se animan a arriesgarse bajo su
propio esfuerzo, a competir, a crear riquezas y puestos de trabajo, sin
privilegios estatales ni favores políticos y pese a la enorme inseguridad
jurídica.
Curiosamente –explica Margariti- este capitalismo prebendario
no sólo está integrado por capitalistas sino también por sindicalistas,
políticos y dirigentes civiles que generan un círculo vicioso de complicidad y
connivencia política. Ellos llegan al poder por la concesión o el favor del
poder político de turno, sienten animadversión por la competencia y subsisten
con medidas proteccionistas.
Viven básicamente de subsidios, del presupuesto
público y de gobiernos que crean mercados cautivos y monopolios artificiales
para beneficio de unos pocos perseguidores de privilegios que responden luego
con retornos y dinero en la campaña. De allí el temor a opinar de estos “empresarios”,
su ausencia de juicio crítico y la obsecuencia demostrada con actitudes indecorosas
que solo buscan la caja. Dispensas, permisos, favores, ayudas, subsidios y
exenciones constituyen los ingredientes esenciales de este pacto espurio entre
capitalismo prebendario y poder político.
Éste “empresario exitoso”, favorecido con
privilegios oficiales, no necesita de esfuerzos ni méritos, tan sólo la audacia
de conseguir las influencias oficiales correctas.
El caso de ERSA en la ciudad de Corrientes es un
caso típico de empresa que crece gracias a las licitaciones de privilegio. Desde
hace mas de 15 años, se ha encargado de hacer persistir sus trazas monopólicas,
exenciones impositivas, subsidios estatales y cláusulas proteccionistas
absurdas que impiden la competencia con otras posibles prestatarias de otros
lugares.
El resultado de este tipo de capitalismo son empresas
deficitarias, con empresarios opulentos y servicios rezagados. Resulta de esto
que el concesionario no depende ni responde al usuario, sino al Estado que le
brinda subsidios y privilegios y resulta su principal fuente de ganancia.
Un capitalismo competitivo y transparente, con un
marco legal transparente y estable, adaptado a las condiciones sociales, en
cambio, permitiría la competencia y el acceso a distintos precios y servicios
robusteciendo el poder decisivo del consumidor.
Pero mientras subsista este sistema de empresas depredadoras de subsidios y acumuladoras de favores monopólicos, el transporte público en
Corrientes seguirá siendo deficitario y terminará colapsando por su propio peso
y contradicción, a la espera de una reforma sustancial.
brisas glaciales se ciernen
sobre mi cabeza y persisto;
acaso la perseverancia de un
apostolado que se desecha por inútil
será la sola memoria que dejaré
a mi patria
Juana Paula Manso
Hay personas que sientan y siembran las ideas. Cavan en el duro terruño de la tradición, remueven su fondo e injertan las semillas de
la civilización, la igualdad y libertad. En tiempos donde era un dogma que la
mujer debía ser sumisa, estar bajo la autoridad del padre primero y del marido después,
Juana Manso (1819 - 1875) hace retumbar los cimientos coloniales que aún sostenían la
cultura de la Argentina independiente.
Educadora, escritora, traductora, periodista,
maestra y precursora del feminismo en Argentina, Uruguay y Brasil. Su vida
atravesó el período en el que el territorio de las Provincias Unidas del Río de
La Plata estaba signado por las guerras de la independencia, las disputas con países
limítrofes y las guerras civiles que disputaban el modo en que debía
constituirse el Estado, la Nación y el gobierno de los nuevos países.
En concordancia a la generación del 37 (de las que
formaban parte Esteban Echevarría, Juan María Gutiérrez, Juan Bautista Alberdi
y su admirado Domingo Faustino Sarmiento, entre otros) defendía las ideas de emancipación,
republicanismo, ilustración, progreso, soberanía del pueblo y progreso. Impulsó
por ello el abandono de las formas opresivas como la esclavitud y el racismo,
luchó infatigablemente contra los prejuicios y la intolerancia y por la
necesidad de superar las convenciones sociales coloniales, familiares y
religiosas que atentaban contra las libertades civiles y de conciencia de la
mujer. El espacio femenino de entonces había estado constituido por el
escenario doméstico; la igualdad de capacidades y oportunidades y el derecho a la
realización personal de las mujeres estaban excluidos del discurso público.
Manso lo introdujo y apuntó al fortalecimiento de la individualidad de la mujer,
con participación en el campo intelectual, laboral, educacional y social.
Afirmó de manera contundente “Todos mis esfuerzos serán consagrados a la ilustración de mis
compatriotas, y tenderán a un único propósito: Emanciparlas de las
preocupaciones torpes y añejas que les prohibían hasta hoy hacer uso de su
inteligencia, enajenando su libertad y hasta su conciencia, a autoridades
arbitrarias, en oposición a la naturaleza misma de las cosas. Quiero y he de
probar que la inteligencia de la mujer, lejos de ser un absurdo, o un defecto,
un crimen, o un desatino, es su mejor adorno, es la verdadera fuente de su
virtud y de la felicidad doméstica.”
Su feminismo liberal tronaba y removía el subsuelo.
No era la suya una mirada acotada, criticaba ya en pleno S.XIX lo que hoy
llaman la cosificación de la mujer y quería
asegurar los derechos civiles de ellas, de trabajar, contratar y disponer del
fruto de su trabajo:
“Por qué
reducirla al estado de hembra cuya única misión es perpetuar la raza?...
Por qué
cerrarles las veredas de la ciencia, de las artes, de la industria, y así hasta
la del trabajo, no dejándoles otro pan que el de la miseria, o el otro mil
veces horrible de la infamia?
…Todo le
quitáis a la mujer! Todo lo que puede caber en la misión grandiosa de la
inteligencia, donde toman parte la sensibilidad y la voluntad libre. Pero le
halagáis su vanidad, le excitáis el amor al lujo, a los dijes, a los tocados;
ciegos idólatras de su belleza sois el incentivo funesto de la corrupción,
porque si no sabe lo que es su alma, qué le importa a la mujer venderla por un
puñado de alfileres de oro?...”
En 1859 conoció a Domingo Faustino Sarmiento, con
quien compartió las ideas sobre la escuela pública y mixta. Cuando él fundó la
Escuela de Ambos Sexos Nº 1 la nombró directora y apoyó la redacción de los
Anales de la Educación desde donde Juana Manso difundió las ideas sarmientinas
y los nuevos planes de enseñanza. En ellos postuló el aprendizaje basado en la
observación y la reflexión, el metodismo, el respeto a las necesidades y grados de maduración
del niño.
Se impuso así contra los maestros que defendían los
métodos de la disciplina rígida y que “la
letra con sangre entra”. Juana creía que las escuelas debían ser lugares
alegres, luminosos y limpios. Que al niño había que despertarle el interés por
aprender a través del buen trato, del ejemplo, del juego. Sarmiento dijo de
ella "Juana Manso es la única de su
sexo que ha comprendido que bajo el humilde empleo del maestro está el
sacerdocio de la libertad y la civilización..."
En medio de críticas duras por sus ideas, Juana
Manso inauguró con mucha dificultad un espacio decididamente ajeno a la época:
la conferencia. Mediante ellas se dirigió principalmente al público femenino
con el propósito de dar a conocer sus ideas sobre política y religiosidad,
hecho que generó acusaciones e irritación inusitadas. Las conferencias para
maestras destinadas a la profesionalización de la docencia no corrieron mejor
suerte. Las clases consistían en lecturas y ejercicios para la instrucción en
diversas materias pero la reacción ante ellas terminó con un pedido a la
autoridad educativa para que sean suspendidas acusando de inmorales las clases
de gimnasia que Manso intentaba introducir.
Sarmiento, con motivo de alentarla le expresó en una carta: “Son las lecturas las que irritan. Es la
primera vez que se introduce la práctica de hablar en público sobre cualquier
materia. Sólo el púlpito estuvo en poder de esa prerrogativa. Hoy lo está el
pensamiento”.
Más no se quedó allí y dirigió y publico anales y
revistas, escribió y tradujo novelas, compendios de Historia Argentina, fundó
bibliotecas y jardines de infantes, organizó escuelas parroquiales llevando las
nuevas ideas educacionales,redactó un periódico de mujeres donde expuso sus ideas de igualdad de
la mujer, y como broche de oro, hasta le organizó la campaña presidencial a
Sarmiento!!! Una verdadera hacedora, tal vez más que su amigo Domingo Faustino,
a quién dejaba estupefacto, de quién sentía una honda admiración diciendo que
era "el hombre más capaz".
Su obra incansable y su tenacidad la llevaron a tener
que escuchar epítetos de toda monta. Hombres y mujeres, dirigentes políticos y religiosos,
diarios, publicaciones llovieron contra ella y sus nuevas ideas.
Enferma y en la pobreza, muere sin honores en 1875. Por entonces y aun enferma
seguía enseñando a leer y a escribir a los niños que vivían en su humilde
barrio. Se había convertido al protestantismo y, antes de morir, le pidieron
que renegase de su fè para poder ser enterrada en el cementerio local. Se
permitió su última rebeldía y no lo hizo. Finalmente fue enterrada en el cementerio
inglés, con la siguiente leyenda: “Aquí
yace una argentina que, en medio de la noche de la indiferencia que envolvía a
la patria, prefirió ser enterrada entre extranjeros antes que profanar el
santuario de su conciencia”.
En su oración fúnebre al despedir sus restos Juana Manuela Gorriti expresó "Juana
Manso gloria de la educación, sin ella nosotros seríamos sumisas, analfabetas,
postergadas, desairadas. Ella es el ejemplo, la virtud y el honor que ensalza
la valentía de la mujer, ella es, sin duda, una mujer".
En 1915, sus
restos fueron depositados en el Panteón del Magisterio, en el cementerio de la
Chacarita.
Solomon
Northup, hijo de esclavos emancipados en el Norte, fue un hombre libre que
vivía con su esposa y tres hijos en Nueva York. Aunque no gozaba de los mismos
derechos que los blancos (los negros no podían votar), tenía formación de
músico y su familia vivía decentemente. Sin embargo, sus desgracias comenzaron
cuando en 1841, 20 años antes de la guerra de secesión, se dejó timar por dos
blancos que lo llevaron hasta Washington, donde la esclavitud era legal, con la
promesa de que lo contratarían para tocar el violín en un circo itinerante. En
realidad era una trampa para venderlo como esclavo y trasladarlo al Sur, donde
pasó de ser un individuo libre a un animal encadenado y sujeto a los
arbitrarios castigos de sus dueños. De esa terrible experiencia, de la que
Northup milagrosamente sobrevivió y pudo escapar gracias a la gestión de un
canadiense que supo de su caso y alertó a su familia en el Norte, pudo
recuperar su libertad.
La película dirigida
por Steve McQueen, basada en hechos reales y en la novela autobiográfica del
mismo título, “12 años de esclavitud”,
no ahorra al espectador en ningún momento ser testigo de primera fila del dolor
y el terror al que se ve sometido el protagonista, alejado cruelmente de sus
seres queridos, apaleado y torturado física y psicológicamente sin piedad por
sus captores y la mayoría de aquellos que pasan a considerarse sus amos y
dueños absolutos de su vida.
Luego de
estos episodios, Northup escribió el libro que fue bestseller en su época. Más
no se quedó allí y su labor de concientización de los crímenes que se cometían
contra los negros fue más allá: se unió a los abolicionistas y a la red
clandestina Underground Railroad que
ayudaba a los esclavos fugitivos. Eran pioneros del movimiento de lucha civil
que mucho después logró acabar parcialmente con la segregación racial.
Lo novedoso
de ésta película es que se centra en el problema de la esclavitud, en su
moralidad, en la lucha entre la justicia y la legalidad, y no solamente en la
formación de una cultura “negra” independiente como nos tienen acostumbrados
los amigos de Hollywood al tocar esta problemática.
Como bien
señala el historiador norteamericano Edmund Morgan, haciendo énfasis en las
ideas de libertad que se suceden a la separación de Gran Bretaña, como colonos
del imperio los norteamericanos libres aceptaron el control limitado de sus
actividades. No obstante, cuando disolvieron la conexión y basaron su gobierno
en el consentimiento de los gobernados, abrieron las puertas a una libertad más
amplia de lo que percibieron en aquel momento. Reconocieron la evidente
contradicción entre la proclamación de la igualdad y la libertad y el hecho de
continuar poseyendo esclavos (blancos y negros) y esperaban resolverla en algún
momento indeterminado del futuro. En última instancia, se necesitó una guerra
civil.
Y se necesitó
una guerra porque esclavitud y libertad son opuestos irreconciliables. Ciertos
estudios han sostenido que el triunfo de los afroamericanos en mantener una
vida propia ha redundado en el reconocimiento de que la esclavitud era entonces
una relación negociada. Si bien la esclavitud nunca fue tan absoluta como los
esclavistas y propietarios de esclavos reclamaron que fuera, las relaciones
negociadas entre amo y esclavo jamás, naturalmente, se habían acercado a una
relación entre iguales. El esclavo podía sacar provecho de su conducta creando
situaciones que estaban más allá del control del amo y que disminuían el
trabajo, otros conseguían su libertad luego de largos años de “trabajo”,
incluso es posible que algunos hayan tenido privilegios y estatus, pero en
ningún tiempo ha existido un estado intermedio entre la esclavitud y la
libertad, ni un conjunto de pasos preestablecidos que llevara progresivamente hacia
ella.
Morgan, en su
“Esclavitud y libertad en los Estados
Unidos” encontrará la génesis del problema en el pasado colonial de
Virginia, la más antigua y rica colonia inglesa de América, donde el cultivo
del tabaco en grandes plantaciones sometió a sirvientes blancos y a esclavos
africanos al mismo régimen opresivo. La primera reacción colectiva contra éste
régimen provino de los blancos pobres, quienes en 1676 encabezaron una violenta
rebelión.
Consecutivamente,
la ampliación de esclavos permitió suplir a los sirvientes blancos en las
plantaciones. A la sazón el racismo, basado en la arrogancia y la autoimpuesta
superioridad racial, emergió como la ideología política unificadora de las
elites y los blancos pobres para garantizar la paz social. A la esclavitud
africana se opuso, desde comienzos del S.XVIII, la libertad de los blancos,
miembros exclusivos y solidarios de una república racialmente homogénea. Para
Morgan esta solución política inaugurada por la elite de Virginia madurará en
el S.XIX, en el racismo popular, que subsistirá en USA hasta mediados del S.XX.
En
definitiva, si de algo sirve la película de Mc Queen, es sin dudas para
advertirnos la importancia de no olvidar lo que ha sido el tortuoso camino de
los derechos civiles.
"Bajo el
pretexto de que el poder ha sido dado a la nación,
se ha puesto a la
nación en manos del poder"
Bertrand de Jouvenel
La liviandad con que regularmente se usa el término “fascista”
es natural cuando se viven climas de furibunda violencia. Resulta difícil
contemplar con distanciamiento científico a unas fuerzas que promovieron un
desastre histórico a escala mundial, y que juegan en su interpretación su carga
peyorativa y su uso político. Los hechos acontecidos en Venezuela los últimos
días han llevado a que oficialismo y oposición en Venezuela, y en los países
vecinos, se proliferaran acusaciones mutuas de fascismo. Por ello pretendemos aquí
solamente acercar algunas notas de las características comunes de estados y
movimientos fascistas, sin tratar de describir las características exclusivas
de cada grupo. Es decir, enfocarnos en el sentido analógico del fascismo y no
en su sentido estricto-histórico.
El concepto de fascismo es tal vez uno de los más
ambiguos de la teoría política y la extensión de este adjetivo ha introducido
tanta confusión como claridad, pues lo que el concepto ha ganado en amplitud lo
ha perdido rápidamente en precisión. Por eso es que podemos identificar en cada movimiento algunas características
que estarán ausentes en otras. Podemos agregar que en líneas generales que “el fascismo -dirá Norberto Bobbio- es un sistema político que trata de llevar a
cabo un encuadramiento unitario de una sociedad en crisis dentro de una
dimensión dinámica y trágica promoviendo la movilización de masas por medio de
la identificación de las reivindicaciones sociales con las reivindicaciones
nacionales”.
En definitiva, el término de fascista no se utiliza
sólo porque sea el convencional, sino porque el movimiento italiano fue la
primera fuerza considerable que exhibió esas características (o por lo menos
casi todas ellas) como un nuevo tipo, y durante mucho tiempo fue el más
influyente ideológicamente.
Más allá de las interpretaciones sobre su origen,
que de por sí son variadas, Stanley Paine hace una descripción tipológica general:
A. Las Negaciones Fascistas:
üAntiliberalismo
üAnticomunismo
üAnticonservadurismo
(aunque en el entendimiento de que los grupos fascistas estaban dispuestos a concretar
alianzas temporales con grupos de cualquier otro sector)
B. Ideología y objetivos
üCreación
de un nuevo Estado nacionalista autoritario, no basado únicamente en principios
ni modelos tradicionales.
üOrganización
de algún tipo nuevo de estructura económica nacional integrada, regulada y dirigista.
üCambio
radical en la relación de la nación con otras potencias.
üDefensa
específica de un credo idealista y voluntarista, que normalmente implicaba una
tentativa de realizar una nueva forma de cultura autodeterminada.
C. Estilo y Organización:
üImportancia
de la estructura estética de los mítines, los símbolos y la coreografía
política, con insistencia en los aspectos románticos y místicos.
üTentativa
de movilización de las masas, con militarización de las relaciones y el estilo
políticos y con el objetivo de una milicia de masas del partido.
üEvaluación
positiva y uso de la violencia, o disposición al uso de ésta.
üVisión
orgánica de la sociedad.
üExaltación
de la juventud sobre las otras fases de la vida, con hincapié en el conflicto
entre generaciones, por lo menos al efectuar la transformación política
inicial.
üTendencia
específica a un estilo de mando personal, autoritario y carismático, tanto si
al principio el mando es en cierta medida electivo como si no lo es.
Otra enumeración didáctica, aunque polémica y con
verdadero sesgo militante, es la de Umberto Eco en su artículo sobre “El
Fascismo eterno” en sus “Cinco escritos morales”. Señala allí que “A
pesar de esta confusión, considero que es posible indicar una lista de
características típicas de lo que me gustaría denominar «Ur-Fascismo», o
«fascismo eterno». Tales características no pueden quedar encuadradas en un
sistema; muchas se contradicen entre sí, y son típicas de otras formas de
despotismo o fanatismo, pero basta con que una de ellas esté presente para
hacer coagular una nebulosa fascista.”
üCulto
de la tradición, de la revelación recibida en el alba de la historia nacional. Los
fascismos reivindican próceres y edades históricas con la cual se identifican.
üRechazo
del modernismo. El rechazo del mundo moderno se camufla como condena de la
forma de vida capitalista, pero concierne principalmente a la repulsa del
espíritu de las revoluciones francesa y norteamericana. La Ilustración, la edad
de la Razón, se ven como el principio de la depravación moderna.
üCulto
de la acción por la acción. Según Emilio Gentile, en el fascismo, se sacraliza
la política y su primado se impone sobre cualquier otro aspecto de la vida
individual o colectiva. La acción es bella de por sí y, por lo tanto, debe
actuarse antes de, y sin reflexión alguna. Pensar es una forma de castración.
Por eso la cultura es sospechosa en la medida en que se identifica con
actitudes críticas. Desde la declaración atribuida a Goebbels (“Cuando oigo la palabra Cultura, hecho mano
a la pistola”) hasta el uso frecuente de expresiones como “cerdos intelectuales”, “estudiante cabrón,
trabaja de peón”, “muera la inteligencia”, “universidad, guarida de comunistas”,
la sospecha hacia el mundo intelectual ha sido siempre un síntoma de
Ur-Fascismo.
üRechazo
del pensamiento crítico. El espíritu crítico opera distinciones, y distinguir
es señal de modernidad. Para el Ur-Fascismo, el desacuerdo es traición.
üMiedo
a la diferencia. El primer llamamiento de un movimiento fascista, o prematuramente
fascista, es contra los intrusos (léase extranjeros). El Ur-Fascismo es, pues,
racista/xenófobo por definición.
üEl
Ur-Fascismo surge de la frustración individual o social. Esto explica por qué
una de las características típicas de los fascismos históricos ha sido el
llamamiento a las clases medias frustradas, desazonadas por alguna crisis
económica o humillación política, asustadas por la presión de grupos sociales
subalternos.
üNacionalismo
y xenofobia. Obsesión por el complot. A los que carecen de una identidad social
cualquiera, el Ur-fascismo les dice que su único privilegio es el más vulgar de
todos, haber nacido en el mismo país. Este es el origen de los nacionalismo.
Además, los únicos que pueden ofrecer una identidad a la nación son los
enemigos. De esta forma, en la raíz de la sicología Ur-fascista está la
obsesión por el complot, sea internacional o interior. Los adictos deben
sentirse asediados. La manera más fácil de hacer que asome un complot es apelar
a la xenofobia.
üEnvidia
y miedo al “enemigo”. Los partidarios deben sentirse humillados por la riqueza
ostentada y la fuerza del enemigo. Los partidarios, con todo, deberán estar
convencidos de que pueden derrotar al enemigo. Así, gracias a un continuo salto
de registro retórico, los enemigos son simultáneamente demasiado fuertes y
demasiado débiles.
üPrincipio
de guerra permanente. Para el Ur-Fascismo no hay lucha por la vida, sino más
bien “vida para la lucha”. El
pacifismo es entonces colusión con el enemigo; el pacifismo es malo porque la
vida es una guerra permanente.
üElitismo,
desprecio por los débiles. El Ur-Fascismo no puede evitar predicar un “elitismo
popular”. Cada ciudadano pertenece al mejor pueblo del mundo, los miembros del
partido son los ciudadanos mejores, cada ciudadano puede (o debería)
convertirse en miembro del partido. Pero no puede haber patricios sin plebeyos.
Puesto que el grupo está organizado jerárquicamente (según modelo militar),
todo líder subordinado desprecia a sus subalternos, y ellos a su vez desprecian
a sus inferiores. Todo esto refuerza el sentido de un elitismo de masa.
üHeroísmo,
culto a la muerte, a la épica. En esta perspectiva, cada uno está educado para
convertirse en héroe. En todas las mitologías, el «héroe» es un ser
excepcional, pero en la ideología Ur-Fascista el heroísmo y el culto a la
muerte es la norma.
üPuesto
que tanto la guerra permanente como el heroísmo son juegos difíciles de jugar,
el Ur-Fascista transfiere su voluntad de poder a cuestiones sexuales. Éste es
el origen del machismo (que implica desdén hacia las mujeres y una condena
intolerante de costumbres sexuales no conformistas, desde la castidad hasta la
homosexualidad). Y dado que el sexo es también un juego difícil de jugar, el
héroe Ur-Fascista jugará con las armas, que son su Erzatz fálico: sus juegos de
guerra se deben a una invidia penis permanente.
üPopulismo
cualitativo. En una democracia los ciudadanos gozan de derechos individuales,
pero el conjunto de los ciudadanos sólo está dotado de un impacto político
desde el punto de vista cuantitativo (se siguen las decisiones de la mayoría).
Para el Ur-Fascismo los individuos como tales no tienen derecho, y el “pueblo”
se concibe como una cualidad, una entidad monolítica que expresa la “voluntad
común”. Puesto que ninguna cantidad de seres humanos puede poseer una voluntad
común, el líder pretende ser su intérprete. Habiendo perdido su poder de
mandato, los ciudadanos no actúan, son llamados sólo para desempeñar el papel
de pueblo. En razón de su populismo cualitativo, el Ur-Fascismo debe oponerse a
los "podridos" gobiernos parlamentarios. Cada vez que un político arroja dudas
sobre la legitimidad del parlamento porque no representa ya la “voz del pueblo”, podemos percibir olor
de Ur-Fascismo. Así expresaba Mussolini: “El
pueblo es el cuerpo del Estado, y el Estado es el espíritu del pueblo. En la
doctrina fascista, el pueblo es el Estado y el Estado es el pueblo. Todo en el
Estado, nada contra el Estado, nada fuera del Estado.”
üNeolengua.
La ficción de Orwell se torna realidad
en las diversas formas de dictaduras. Todos los textos escolares nazis o
fascistas se basaban en un léxico pobre y en una sintaxis elemental, con la
finalidad de emular al líder y limitar los instrumentos para el razonamiento
complejo y crítico. No obstante advierte Eco, debemos estar preparados para
identificar otras formas modernas de neo habla.
El fascismo en su sentido analógico fue siempre una
ideología antiliberal y populista bastante elástica, que acusa la presencia de
una familia de posiciones generales que están presentes en diferentes
corrientes. “Nuestro deber es desenmascararlo”, advierte Eco, “y apuntar con el
índice sobre cada una de sus formas nuevas, cada día, en cada parte del mundo”.
Tal vez una de las grandes advertencias que nos dejó el S.XX es a no relativizar la democracia a un mero régimen electoral. La democracia moderna es regla de mayoría, división horizontal de poderes y derechos básicos inviolables. Son las tres columnas que protegen a los ciudadanos del despotismo autoritario y tienen la misma prelación y jerarquía. Donde falte uno de ellos se da entrada a un estado de excepción, quedando el ciudadano librado a la ley del mas fuerte. Los conceptos de dictadura, fascismo, bonapartismo, han tenido diversas interpretaciones a lo largo del tiempo y muchas veces son abiertos e imprecisos. Pero donde impere la bota militar, el sable y la pistola, donde la razón de estado se impone a la condición humana y se descerrajan y anulan derechos básicos, donde se vulnera la libertad de expresión, de reunión y asociación, se militariza a la sociedad, se penaliza la disidencia política y se conculcan derechos y conquista sociales; No tenga miedo de apuntar: allí se está incubando la tentación totalitaria, acechando,esperando el momento para devorar definitivamente la libertad, allí está la sombra del fascismo y la dictadura, aunque se vote y haya elecciones.
La película "La Ola", es una didáctica parábola del fascismo. Sinopsis: Alemania hoy. Durante
la semana de proyectos, al profesor de instituto Rainer Wenger (Jürgen Vogel)
se le ocurre la idea de un experimento que explique a sus alumnos cuál es el
funcionamiento de los gobiernos totalitarios. Comienza así un experimento que
acabará con resultados trágicos.
En apenas unos días, lo que comienza con una
serie de ideas inocuas como la disciplina y el sentimiento de comunidad se va
convirtiendo en un movimiento real: LA OLA. Al tercer día, los alumnos comienza
a aislarse y amenazarse entre sí. Cuando el conflicto
finalmente rompe en violencia durante un partido de water polo, el profesor
decide no seguir con el experimento, pero para entonces es demasiado tarde, LA
OLA se ha descontrolado...
“El vivir, con toda evidencia, es algo común aún a las
plantas.
Más nosotros buscamos lo propio del hombre.”
Aristóteles, Ética a Nicómano
La idea de la igualdad ha sido reivindicada y tomada en
todos los tiempos y por casi todas las corrientes políticas. Se la representa
generalmente en el imaginario social como a una conmovedora utopía humanista
donde “todos somos iguales”, una universalidad
propia de la perfección de los dioses, una democracia absoluta con una
total y sana convivencia.
Pero su indeterminación y su poderosa carga emotiva han
hecho que hayan tantos conceptos de igualdad como hombres que la propugnan.
Sería imposible trazar aquí toda esa vasta variedad, por lo que nos limitamos a
establecer y diferencar (en la medidad de lo posible) cuatro visiones clásicas
sobre la igualdad, que han influído desicivamente a la hora de diseñar políticas
públicas y establecer regímenes políticos.
Nada se ha repetido tanto en la historia como la frase
“Todos los hombres son (o nacen) iguales”. Máxima que recorre prácticamente
todo el pensamiento político occidental, desde los estoicos al cristianismo,
pasando por la Reforma, el liberalismo, los distintos socialismos y las mas
recientes ideas de democracias.
A diferencia de la libertad,
que siempre es una cualidad de la persona, la igualdad es un tipo de relación. Por ello se preguntará Norberto
Bobbio “¿Igualdad entre quienes? e ¿Igualdad en qué?”. La idea universal de la igualdad ha buscado así, no igualaciones físicas y naturales, sino
igualaciones morales.
Así tenemos en primer lugar, la igualdad más general y aceptada: La igualdad ante la ley. Contrario a lo que se cree, su fuente no
es el liberalismo, que también naturalmente lo toma, sino el mundo clásico. Se
puede hallarlo en el antecedente de la Isonomía
y al mismo Eurípides en páginas clásicas de la literatura se lo lee en Las Suplicantes “No hay peor enemigo de una ciudad que un tirano, cuando no predominan
las leyes generales y un solo hombre tiene el poder, dictando las leyes para sí
mismo y sin ninguna equidad. Cuando hay leyes escritas, el pobre como el rico
tienen igual derecho”.
Lo que significa la
igualdad ante la ley es el trato igual en circunstancias iguales, y así constituyó
un factor de estabilidad de la sociedad de castas en la antigüedad y es un
factor de estabilidad democrática en la actualidad donde se fusiona con el concepto
de igualdad de derechos.
En segundo lugar tenemos la igualdad
de derecho, que significa algo mas que la mera igualdad ante la ley. Herencia indiscutida del liberalismo,
significa gozar igualmente de algunos derechos
fundamentales, constitucionalmente garantizados, como se desprende de
algunas célebres declaraciones históricas: “Los
hombres nacen y permanecen libres e iguales en derecho”. Su origen se
entiende que es anterior al Estado y parte de la misma naturaleza del hombre,
inescindibles de él, y que por lo tanto no existe ley, estado ni religión que
puedan vulnerar esos derechos mediante el uso de la fuerza. Su violación
autoriza la resistencia a la opresión.
Estos principios implican respetar a rajatabla los
proyectos de vida de las personas y entra naturalmente en conflicto cuando el
Estado, en pos de igualar ante
situaciones de exclusión, necesariamente vulnera la disposición de bienes
materiales (por ejemplo mediante impuestos, gasto público o prohibiciones) para
paliar otras necesidades materiales. Para el liberalismo clásico “el hombre –la
persona individual- es un fin en sí mismo” y por lo tanto no puede ser
utilizado, por la fuerza pública del Estado, como medio para atender otros
fines, ya sean estos meramente políticos, humanitarios, filantrópicos, etc. De allí la
afirmación de que el gobierno solo es “un mal necesario” y que debe limitarse a
garantizar seguridad y justicia. De todo lo demás se encarga la sociedad civil.
Entramos así a uno de los grandes conflicto de la
modernidad. Hombres formalmente iguales y materialmente desiguales. Algunos argumentarán
que los hombres son desiguales por naturaleza y que la búsqueda de la igualdad
de hecho llevará progresivamente al peor de los totalitarismos, otros buscarán
en el igualitarismo una sociedad ideal, perfecta y homogeneizada, y finalmente
en el medio de ese huracán se irán forjando los distintos causes que formarán
la ideas actuales de la igualdad de las democracias modernas.
El tercer sentido clásico, es la idea socialista de
la igualdad. Ésta es el de la igualdad de posesión y se concretará en
la aspiración de crear condiciones y
formas de vidas iguales. Se trata de nivelar y homogeneizar todo lo
trascendente en la vida de las personas como los ingresos, valores, bienes,
vivienda, propiedad, educación, salud, etc; lo cual supone una intervención
absoluta del estado en la vida y la economía de las personas. Igualar significa
aquí que “lo tuyo” pasa a ser lo “nuestro” y por ende la autoridad central debe tener el poder suficiente para redistribuir y crear igualdad. Cuando Marx
señaló que todo el programa comunista se resumía en la abolición de la
propiedad privada, estaba formulando su ideal con toda exactitud. El peligro del
absolutismo para lograr la mayor igualación social se logra captar a simple
vista, y es la razón de la célebre conclusión de Bertrand de Jouvenel: “Toda potencia central que sigue sus
instintos naturales ama la igualdad, la favorece; pues la igualdad favorece
singularmente la acción de tal potencia”.
Finalmente
llegamos al cuarto sentido de igualdad, la más reivindicada en el mundo
moderno: La igualdad de oportunidades.
El problema de su definición radica precisamente en su prestigio y la
ingeniería política ha hecho que se termine diluyendo en variadas mutaciones. Su
idea aproximada ya se puede dilucidar en Alexis de Toqueville, cuando en las
primeras páginas de su Sobre la
Democracia en América señala: “Entre
las cosas nuevas que durante mi permanencia en los Estados Unidos han llamado mi
atención, ninguna me sorprendió más que la igualdad de condiciones. Así, pues,
a medida que estudiaba la sociedad norteamericana, veía cada vez más en la
igualdad de condiciones el hecho generador del que cada hecho particular
parecía derivarse”.
Este ha sido
el llamado “repliegue liberal” en
vista de la incoherencia que de otra manera puede existir entre principios y
realidad. Esto implica postular que existe una redistribución forzosa de
recursos (vía impuestos y gasto público) que es legítima a fin de nivelar
(hasta un cierto punto y limitado con controles y pautas claras) las
posibilidades de realizar los proyectos de vida de las personas y que la
sociedad no es justa, no es equitativa ni legítima, si no asegura a todos ese
mínimo piso necesario de igualdad para que todos tengamos alguna oportunidad
razonable de llegar a realizar lo que podemos ser. Es una igualdad en el punto de partida, a partir del cual se garantiza la
cultura del mérito y la libre iniciativa privada de los hombres.
Entre éste repliegue
del liberalismo y la socialdemocracia podemos encontrar sus orígenes y en
autores como Jhon Rawls algunos de sus presupuestos filosóficos, e incluso
Friedrich Hayek y Milton Friedman han reconocido alguna variante de ella para
paliar transitoriamente necesidades de subsistencia.
La experiencia de la modernidad demuestra en que en el largo plazo no existe libertad sin igualdad, e igualdad sin libertad. No hay sociedades libres que no hayan incluído en su agenda la igualdad de derechos y oportunidades y no son igualitarias aquellas sociedades oprimidas por un gobierno central que busca un igualitarismo homogéneo negando la naturaleza individual del hombre. La insistencia en oponer igualdad con libertad ha profundizado una riesgosa división en las ideas democráticas y ha dado paso a un nuevo auge de populismos autoritarios.
Solo la alianza entre la libertad y la igualdad, actualizada y centrada en el hombre, podrá encaminar los causes de la modernidad en una sociedad abierta, plural, próspera e igualitaria.
de tener
siempre ante los ojos la antigüedad griega y romana”
Fustel de
Coulanges
Existen libros imperecederos, que ocupan un lugar
especial en la biblioteca. Tesoros invaluables que sin embargo pierden su valor
si solo sirven de ostentación. Un clásico de historia es ante todo una
herramienta de fruición y trabajo en la cual se vuelven una y otra vez sobre
ellos.
Y sin duda pertenece a este género “La ciudad antigua. Estudio sobre el culto,
el derecho y las instituciones de Grecia y Roma” del historiador francés
del siglo XIX Numa Denys Fustel de Coulanges (1830 - 1889).
Al escribirla, de Coulanges se propuso, en primer
lugar, mostrar los principios y reglas que presidieron el gobierno de Grecia y
Roma, ramas de una misma raza, que hablaban idiomas nacidos de una misma
lengua, se regían por instituciones de un origen común y vivieron una serie de
revoluciones similares. Pero al margen de su admirable labor de investigación,
el autor se propone, como finalidad última, poner de manifiesto las diferencias
que distinguen esencialmente a aquellos dos grandes pueblos, de las sociedades
modernas. "Por haberse observado mal las instituciones de la ciudad
antigua -dice-, se ha pensado en resucitarlas entre nosotros. Se ha forjado una
idea falsa de la libertad entre los antiguos, y ello ha puesto en peligro la
libertad entre los modernos". De ahí su afirmación de que para conocer la
verdad sobre aquel pretérito, conviene estudiarlo sin pensar en nuestro
presente. Así analizadas, Grecia y Roma se nos aparecen como inimitables y, por
ende, como totalmente distintas de las sociedades modernas.
La Patria, tal como la entendían los griegos y los
romanos, era esencial y radicalmente opuesta a lo que por tal entendemos en
nuestros tiempos en las sociedades modernas.
“La Patria tenía al individuo sujeto con un vínculo
sagrado; -el ciudadano- debía amarla como se ama a la religión y obedecerla
como se obedece a Dios. Debe uno entregarse a ella por comlpeto, dedicarlo todo
a ella, consagrándoselo todo. Había que amarla gloriosa y oscura, feliz o
desgraciada; amar sus beneficios y hasta sus rigores. Sócrates, condenado sin
razón por ella, no estaba dispensado de amarla; había que quererla como Abraham
a su Dios, hasta sacrificarle su propio hijo. Era necesario ante todo saber
morir por ella; y tanto el griego como el romano no se sentían inclinados a
morir por adhesión a un hombre o por punto de honor, pero por la patria daban
con gusto la vida, porque atacar a su patria era atacar a su religión”
De esto concluye el célebre historiador que nada
había en el individuo que fuese independiente del poder de la polis
griega y la civitas romana. La ciudad
estaba fundada sobre la religión y constituída como una iglesia y éste era el
origen de su omnipotencia, solo comparable a los totalitarismos del S.XX. Y así
remata Fustel “En una sociedad fundada y establecidas sobre tales principios NO
PODÍA EXISTIR LIBERTAD INDIVIDUAL, porque el ciudadano estaba sometido a la
ciudad en todo y sin reserva alguna”. Con éste poder casi sobrehumano mal
podría hablarse de democracia o participación popular y tales confusiones se
debe mas que nada a autores apologéticos con intenciones por fuera del
conocimiento histórico.
“Nada había en el individuo que fuese independiente
de este poder. Su cuerpo pertenecía al Estado, y estaba consagrado a su defensa,
siendo obligatorio9 el servicio militar en Roma hasta los cincuenta años, en
Atenas hasta los sesenta y en Esparta indefinidamente. Su fortuna estaba
siempre a disposición del Estado, pudiendo la ciudad, cuando tenía necesidad de
dinero, ordenar a las mujeres que entregasen sus joyas; a los acreedores, que
le cedieran sus créditos; y a los que tenían olivares que entregasen
gratuitamente el aceite que tuviesen almacenado”
Múltiples ejemplos de esta omnipotencia nos revela La ciudad antigua. Así por ejemplo la
ley ateniense prohibía al individuo que permaneciese célibe. Esparta castigaba
no sólo al que no se casaba, sino también al que lo hacía tarde. El Estado
podía prescribir en Atenas el trabajo, en Esparta la ociosidad, y ejercía su
supremacía hasta en las cosas más cotidianas como prohibiciones de beber vino
puro a todos o solo a las mujeres (Locres y Roma). Era frecuente que la ciudad
hasta fijase la forma de los trajes, vestimentas, calzados y hasta el peinado
de las mujeres o la barba de los hombres (Esparta).
Más aún hacía notar su omnipotencia en materia
educativa (donde los padres no tenían ninguno derecho sobre sus hijos) y menos carecía
el individuo de libertad para elegir sus creencias. La legislación ateniense
llegaba a castigar hasta a los que dejaban de celebrar religiosamente una
fiesta nacional. La propiedad por su parte no podía enajenarse, ya que venderla
implicaba vender a sus dioses y llevaba como condena andar errante eternamente
en el destierro, sin dioses, bienes, ni protección.
En estas circunstancias, se puede concluir que la personalidad
humana tenía muy poco valor ante la autoridad casi divina de la Patria o el
Estado, quién no solamente protegía al ciudadano sino que también podía
disponer a su albedrío de la vida, los bienes y los intereses de los
gobernados.
La noción de la libertad individual tuvo que esperar
a la gran revolución que trajo el cristianismo en las nociones del hombre, de
Dios, de la familia y de la sociedad para cambiar radical y diametralmente las
bases del sistema. Aunque como denunció Juan Bautista Alberdi “la formación de los Estados
modernos, conservaron o revivieron los cimientos de la civilización pasada y
muerta, no ya en el interés de los Estados mismos, todavía informes, sino en la
majestad de sus gobernantes, en quienes se personificaban la majestad, la omnipotencia
y autoridad de la Patria.”
Fustel de Coulanges, siendo un anti-romántico,
también había dilucidado este panorama en la Francia del S.XIX y en la
formación del Bonapartismo y allí también residía su interés de
diferenciar la libertad moderna de la libertad de los antiguos. "La Ciudad
Antigua”, principal monumento a su memoria, sigue aún hoy editándose y
leyéndose pese a toda justificable crítica, por la claridad conceptual, de estructura
y por la justeza de su expresión.