miércoles, 10 de septiembre de 2014

Sarmiento, un elogio de la locura


“Cuando un ideal se plasma en un alto espíritu,
bastan gotas de tinta para fijarlo en páginas decisivas”.
José Ingenieros







“¡El loco Sarmiento!” gritaban sus enemigos, y el parecía agigantarse aún más bajo el filo de las críticas. La polémica y el debate eran sus armas predilectas. Como en su glorioso Facundo, demasiado indocumentado para ser historia, demasiado realista para ser literatura, le bastaba recurrir a su declamación apasionada para imponer su autoridad.


Se midió y se enfrentó con titanes: Rosas, Urquiza, Alberdi, Mitre, los caudillos, todos sufrieron su marca. Pasado a la eternidad como el padre del aula, su ideal y su gestión fueron cien veces mayor. Su impronta registró todos los rubros: el militar, el literario, el político…


Con defectos, con pasiones, con vehemencia, con la severidad y el rigor que tuvo en las relaciones personales, fue alguien que avizoró y trató de divisar una nueva Argentina que rompiera definitivamente con el atraso, la miseria y los valores coloniales del mundo de su época.


El poeta Nicandro Pereyra dijo de él “su vida fue una epopeya cruzada de ofuscamientos, un sinfín furioso con hambre de luz y libertad”.


Y si la historia del hombre, es la historia de la conquista de la libertad, Domingo Faustino nos da el ejemplo de una vida entera dedicada a pelear por la libertad. Nació públicamente en pugna contra la tiranía y pasó su existencia soñando con la libertad; era el pedestal de sus creencias, de sus fines, de sus ilusiones. Y por eso escribía quejoso desde su exilio en Valparaíso: “Nuestra época es una época de libertad y por tanto de tolerancia; donde no hay tolerancia no hay libertad; donde no se puede salir de los caminos trillados por temor de que le salgan al encuentro bandas de salteadores fanáticos, no hay descubrimiento, no hay progreso”.


Despotricaba contra España y los caudillos porque veía en ellos el absolutismo. Reconocía que podrían llegar a representar, tal vez, una voluntad popular inarticulada, inorgánica, pero toda la autoridad estaba centrada en la persona del caudillo. Condena al caudillismo como un gobierno “sin formas, ni debate”. Su justicia era administrada “sin formalidades de discusión”, ya que la discusión coloca la autoridad fuera de la persona del caudillo. Su gobierno era la creación de su arrogante voluntad.


Imaginó en Argirópolis el país que había que incitar. Dedicado a Urquiza, propuso allí desregular la navegación de los ríos, impulsar la libertad de comercio, construir las mejores escuelas, fomentar la inmigración y tener un gobierno institucional. La Argentina estaba destinada a ser el país más próspero de Latinoamérica y siguiendo el camino forjado por su generación así fue, con virtudes, defectos y contradicciones, hasta la entrada de los años 30.


Impulsor obsesivo de la educación popular, a su regreso de Estados Unidos, y ya como presidente electo, expresó: “Vengo de un país donde la educación lo es todo, y por eso allí hay democracia; y mi programa va a ser tierras y escuelas, es decir darle al gaucho un pedazo de tierra para que la trabaje y escuela para sus hijos”.


Con su modelo de educación, la Argentina llega para 1915 con el 80% de su población alfabetizada, (cuando Sarmiento inicia su presidencia, solo el 20% lo estaba) logro incomparable ante el resto de Latinoamérica y ante países del viejo continente.


Sostenía que había que apegar al hombre a la tierra y al trabajo, fomentar la mediana propiedad. Sin haber ido a la secundaria y la universidad fue un fanático de la ciencia, la tecnología y la innovación. Acompañado de su famoso reproche “¡Alambren, no sean bárbaros!” exhortaba a los productores a modernizarse y diversificar la producción.


En una de sus facetas menos conocidas, sin haber ido a la secundaria y la universidad, tuvo rodaje de jurista debatiendo con Alberdi, discutiendo las primeras tesis constitucionales sobre la intervención federal, el preámbulo, etc; y naturalmente también escribiendo. Dos son sus principales obras jurídicas: "Comentario de la Consitución de la Confederación Argentina" (1853) y "Derecho de ciudadanía en el Estado de Buenos Aires" (1854). Y como si fuera poco intercambiaba nada mas y nada menos que con Joseph Store, miembro de aquella recordada Corte Suprema de EEUU responsable entre otros fallos del histórico “Marbury v. Madison”. Veía su álter ego en Abraham Lincoln, por quien se reflejaba y tenía profunda admiración; en su estadía en USA lo biografió y supo que, al igual que el, aprendió derecho por iniciativa didáctica. "El único modo posible de formar buenos ciudadanos es que la gente común sepa de Derecho", fue uno de los pensamientos que lo guió y que hizo que se transformara en el primer profesor de Derecho Constitucional de la Universidad de Buenos Aires y que una universidad en Estados Unidos lo nombrara Doctor en Leyes Honoris Causa.


Monumento de Sarmiento en la ciudad de Boston, 
Estados Unidos.



Polifacético y enérgico como pocos, fundó clubes, diarios, bibliotecas y escribió sin parar sobre política, historia, derecho, literatura, pedagogía, todo compilado en 52 voluminosos tomos de sus obras completas. Y con esa energía creadora y transformadora presidió su Nación, tormentosa como toda su vida, sin un día de paz y tranquilidad, luchando constantemente contra el asedio de sus adversarios.


Asi y todo, frente a un contexto político turbulento, rodeado de sus más acérrimos calumniadores, Sarmiento fue el primer Presidente Constitucional que logra dejar un sucesor en la presidencia, apostando por el joven Avellaneda de, tan solo entonces, 37 años. Al “loco Sarmiento”, también lo acompañaban el buen calculo y el olfato político, como ya lo había demostrado en su reconciliación con Urquiza.


En 1888, en los albores de un mundo con nuevas transformaciones, a las que no obstante el seguía aportando, tres generaciones enteras le deben su influencia. En la oración fúnebre, Pellegrini fue contundente: “Fue el cerebro más poderoso que haya producido la América".


Cuando entrado el S.XX se intentó “homogeneizar” a los hijos de los inmigrantes mediante una enseñanza vetusta, antigua y tradicional, volvió el dogmatismo bajo la forma de un patriotismo mal entendido, que fomentó aventuras absurdas que buscaban eliminar el espíritu científico, entre otras cosas. El auge del sentimiento nacionalista y antiliberal (en sus versiones de izquierda y derecha) demonizó a las generaciones del 37 y 80 y Sarmiento fue, naturalmente, su principal blanco.


Y así fue que al hombre que logró alfabetizar la República pasó a ser catalogado de “antipopular”, “genocida”, “anti-argentino” y otros anacronismos varios que solo pueden provenir de revisionistas de segunda mano. El fervor anti-Sarmiento llegó a ser tan absurdo y ridículo que en 1978 el gobierno de la provincia de Neuquén prohibió la lectura del sanjuanino en sus escuelas.


Pero pese a todo, Sarmiento aún camina, como decía Borges, “día y noche entre los hombres, que le pagan (porque no ha muerto) su jornal de injurias o de veneraciones”. Su legado sigue ahí, vivo, más allá de los fastos, no lo abruman las furiosas críticas de quienes no fueron sus contemporáneos, los insultos, ni los ultrajes, porque basta con ingresar en los vientos del S.XIX para maravillarse con “el loco Sarmiento”, el loco que pensó y actuó para desterrar la decadencia e impulsar el progreso, el loco que, con su obsesivo afán de hacer, llevó la escuela civilizadora a los montes, en medio de estas lacerantes y despedazadas tierras del fin del mundo.




sábado, 12 de julio de 2014

Fútbol, política y civilización


"Tras muchos años en los que el mundo me ha brindado innumerables espectáculos,
lo que finalmente sé con mayor certeza 
respecto a la moral y a las obligaciones de los hombres,
se lo debo al fútbol;
lo aprendí con mi equipo, el Racing Universitario de Argel.”
Albert Camus



El gesto de Javier Mascherano hacia el rival nigeriano Obafemi Martins, 
captados por las cámaras en el mundial de Sudáfrica 2010. 




Nunca faltan en los mundiales de fútbol, los amigos que despotrican contra él. Y ciertamente podremos llegar a conceder de que en cierta forma participa de la llamada “sociedad del espectáculo” (pan y circo para que los pueblos olviden su problemas), que es una hábil herramienta para ciertos políticos que mezclando deporte con nación pretenden fabricar unanimidades peligrosas; que la exaltación de pasiones puede sacar a relucir el más rancio de los nacionalismos, etc.  


El fútbol ha recibido críticas provenientes de las más diversas corrientes políticas: cierta derecha lo consideraba un espacio de irracionalidad y chabacanería, un deporte berreta, mientras que cierta izquierda lo veía como una expresión de la “alienación” que el sistema capitalista imponía a las masas, el mismo papel que Marx le había reservado a la religión (el opio del pueblo).


Resulta curioso como cierto nacionalismo se ha mostrado impávido ante éste fenómeno “foráneo” y “occidental”. Pero más curioso aún, es la idealización de una supuesta izquierda que convierte la “cultura nacional” en un arma de batalla contra el "imperialismo cultural". Nada más lejos de esa manera de pensar que Marx y Engels, quienes en el Manifiesto Comunista proclamaban: “La estrechez del espíritu nacional, el exclusivismo nacional devienen cada vez más imposibles, y de las numerosas literaturas nacionales y locales surge la literatura universal”. Es decir, el proceso civilizatorio se da por el intercambio constante de culturas y ninguna “nación”, ni la más antigua, pueden jactarse de autentica originalidad y autarquía, ya que todas las “culturas”, en constante cambio, son formadas por el intercambio con otras en su lengua, su literatura, su música, sus leyes y sus costumbres.


Llamativo es que la izquierda heredera de la Escuela de Frankfurt no haya asociado al fútbol al tan mentado, y repetido hasta el cansancio, “imperialismo cultural” o “industria cultural”. Y es que el fútbol es un fenómeno exclusivo de la modernidad global, del cosmopolitismo, de lo universal y mundial sobre lo local y particular, de la relación y el intercambio de las culturas, de la sociedad de consumo y la división del trabajo.


Y es una de las cosas que lo hace profundamente atractivo. Una grandiosa metáfora de la modernidad global. Si bien, como sabemos, tiene antecedentes similares en China, en el antiguo mediterráneo e incluso en los juegos de las civilizaciones mesoamericanas, en su versión actual y tal como lo conocemos, procede del mundo  moderno occidental.


Decimos entonces que tiene en su esencia todos los elementos propios de la modernidad: es una actividad con un marco regulatorio claro, con un cuerpo internacional que se encarga de dictar lo qué está permitido y lo qué está prohibido. El reglamento en la cancha es la ley que protege la destreza, la habilidad, la libertad del juego; es el orden que resguarda esa libertad. El fútbol requiere de la coordinación de esfuerzos y división de labores, y se respalda en una organización burocrática, propia del mundo moderno. Su internacionalismo hace posible la pluralidad, el intercambio, el encuentro pacífico.


La cancha es un lugar donde los valores tienen vigencia: requiere de disciplina, constancia, preparación, y hasta estudio; es una actividad de fuste, exige cálculo, inteligencia, estrategia, trabajo en equipo, y pone a prueba constantemente la competencia leal, el mérito y la capacidad de superación del hombre, donde entran a jugar la épica y lo heroico.


Pero también requiere (y ha sido una de las bases de su éxito mundial) de inversión, innovación y capital constante y es por eso que representa uno de los mayores espectáculos y negocios del mundo.



Y aún con todos los defectos que puede acarrear, el fútbol es un exponente de civilización donde las frivolidades mediáticas, que incluso rodean a ciertos jugadores y técnicos, terminan dejando paso a la magia del talento, la concentración, el cálculo y la inteligencia, pero también a la solidaridad, y el respeto a los valores mas altos del ser humano, reproducidas frente a millones de personas. 


Y si no me creés, mirá éste vídeo




domingo, 27 de abril de 2014

El debate sobre Andresito Guayçurary y el anacronismo histórico

“Un fenómeno histórico nunca se explica
plenamente fuera del estudio de su momento. Esto es cierto
para todas las etapas de la evolución. Para la que vivimos y
para las otras. El proverbio árabe lo dijo antes que nosotros:
"Los hombres se parecen más a su tiempo que a sus padres".
Por no haber meditado sobre esta sabiduría oriental, el estudio
del pasado a veces se ha desacreditado.”
Marc Bloch (1)








Un viejo peligro acecha en todas las épocas a los historiadores: el peligro del anacronismo. Figuras reprobadas en algún tiempo pasan a servir  los panteones de la nueva época. Nuevos altares se erigen elevando los nuevos ídolos, nuevas epopeyas se instituyen realzando los nuevos héroes y villanos.


Ante la investigación y revisión constante de la historia, dos caminos puede tomar el investigador. Someter su revisión a las normas de investigación, o el de construir (aún bienintencionadamente) una imagen alternativa del pasado que, guiada por un propósito político tenga fines por fuera del rigor histórico.


Esto último sucede con frecuencia con el estudio del S.XIX en Argentina por parte de sectores que descontextualizan la interpretación histórica al trasladar conceptos de la modernidad a una época de transición profundamente distinta. Como enseñaba Lucien Fevbre “Captar una época histórica determinada en el plano mismo de sus coordenadas históricas, evitando trasladar a una sociedad formas sociales y culturales que le hayan sido ajenas, es uno de los supuestos básicos del trabajo del historiador. El olvido de esta regla o su violación deliberada desvirtúa no sólo la posibilidad de conocimiento de esas formas singulares de vida que son las sociedades, sino que al mismo tiempo descalifica el propio oficio del historiador, quien por esta vía simplemente prolonga y proyecta en el pasado las formas sociales particulares de su sociedad sobre toda forma de existencia humana, disolviendo un sistema específico de diferencias en una universal naturaleza humana.” Esto es lo que con frecuencia se denomina “anacronismo histórico”.


Algo relativo a ello sucede sobre la construcción o la crítica de Andresito Guayçurary o Tacuary y Artigas. Su sola mención quiebra por la mitad las bibliotecas, descripto como un tirano caudillo por los historiadores clásicos correntinos como Manuel Florencio Mantilla y revestidos con la aureola de los próceres en la Costa del Uruguay por quienes pretenden “rescatarlo”, su polémica personalidad es divisoria de las aguas entre los estudiosos de nuestro pasado.


Pero el problema se sucede preocupante cuando en su relación con la política, la historia corre el riesgo de convertirse en la manipulación de datos históricos en función de objetivos del presente, de manera que su esencia, su objeto de conocimiento, queda desfigurada.


Sobre el lugarteniente artiguista se busca construir una nueva iconografía,  que intentan corporizar el mito por medio de imágenes, esculturas, documentales televisivos y películas; grupos afines se esmeran por instalar monumentos en su homenaje en lugares que trascienden el territorio del accionar del caudillo (como en la ciudad de Corrientes donde solo permaneció un breve tiempo durante su invasión y la reposición de Juan Bautista Méndez). Dirigentes políticos, personalidades públicas y apologistas buscan asignar preceptos históricos-ideológicos por el camino de las leyes y la imposición estatal, cometiendo los mismos errores que alguna cometió la llamada “Historia oficial”, solo que 100 años después y sin tener en cuenta el avance historiográfico destacable de cientos de académicos que desmitificaron y profundizaron los estudios en torno a la construcción del Estado y las provincias, como Emilio Ravignani, Ramos Meijía, los historiadores provinciales y toda la Nueva Escuela Histórica en Argentina. Y ni hablar de los estudios de  historiadores actuales de la talla de Halperín Dongui, José Carlos Chiaramonte, Hilda Sábato, Marcela Ternavasio…


Ciertos divulgadores que se claman de revisionistas, olvidando a los citados en el párrafo anterior, intentan instalar en Andresito el mote de “emancipador”, “revolucionario” (2), “liberador” y dotarlo de una carga ideológica que nunca tuvo.


Todo lo contrario, su pensamiento respondía a una construcción tradicional, del antiguo derecho, que sobrevivió a los caudillos donde la costumbre hispano-indiana y la religión jugaron un papel preponderante. Tal vez la mejor forma de entenderlo y comprenderlo (no juzgarlo) es bajo el concepto rescatado por José Carlos Chiaramonte de “antigua constitución”, un conjunto de pautas políticas, culturales y sociales anteriores al proceso revolucionario e independentista que supervivieron sobre todo en las provincias, provenientes del derecho natural y el derecho canónico, y por lo tanto de la religión católica, el espíritu militar y el legado del derecho español y su inspiración romana. Como bien señala nuestro autor “Se ha descuidado así la función del derecho natural en su condicionamiento de las concepciones y prácticas políticas (…) Por consiguiente, se han interpretado mal las prácticas políticas de aquellos sectores que resistían las reformas políticas derivadas de las independencias, al no advertir que esas resistencias no eran manifestaciones de anarquía sino que provenían de un universo conceptual coherente, si bien no uniforme, en el que primaban las normas derivadas de los que en el lenguaje de época se denominaba la antigua constitución”. (3)


Ésta influencia nuestro protagonista la recibió de pequeño, siendo no solo mestizo (madre guaraní y padre español) sino también educado bajo la influencia del mercedario Padre Martín Céspedes que ofició de cura párroco en aquel antiguo pueblo jesuítico que fue Santo Tomé, donde fue el futuro caudillo fue sacristán. (4) 


Aún más, como el cura Monterroso de Artigas, Andresito contaba siempre como capellán de su ejército con  Fray José Acevedo desde el comienzo de sus campañas. Los curas como personal político, eran consejeros permanentes y auxiliares de notoria influencia como señala Tulio Halperín Dongui (5). Y a veces hasta servían para justificación y excusas de sus desmanes, según el mismo autor.


Como bien ya lo había demostrado Adolfo Saldías en su “Historia de la Confederación Argentina”, también señalado por Dongui en su “Revolución y Guerra”, la barbarización de la política, el avance de la brutalidad en las relaciones, la guerra y la dominación, los saqueos, la ferocidad y la rapiña no eran patrimonio de un solo sector, sino de todos a los que les tocó en suerte algún protagonismo, y el comandante Andrés Guayçurary y Artigas no fue la excepción (6)


Es igual de reprochable no comprender la época y despotricarlo con los valores de la actualidad, como igual de reprochable es intentar canonizarlo, ideologizarlo y hacerlo trascender de su lugar de actuación.


Finalmente es de destacar el juicio histórico de Hernán Felix Gómez, gran defensor de Gervasio Artigas y el federalismo: “La historia no ha de buscar la verdad en el perdón generoso de las generaciones posteriores en muchos años a la del guerrillero guaraní. Tampoco ha de buscar en el recuerdo de quienes no sintieron en carne propia y vieron en el escenario local al hombre que se estudia. Andrés Artigas no fue una figura del escenario oriental, ni acudilló la masa apenas disciplinada de sus indios en la campaña próxima a Montevideo. Actuó en el campamento, en las márgenes del Uruguay, y tuvo como escenario habitual el territorio misionero y el de la provincia de Corrientes. Ahí ha de irse a buscar la definición histórica del personaje, sutil, orgulloso, empeñado en afirmar la hegemonía de los inorgánicos elementos que acaudillaba, los mismos que trajeron sobre la provincia en esta oportunidad las horas más ingratas de su pasado”. (7)


Citas

1. BLOCH, Marc. “Apología para la historia o el oficio de historiador”, Fondo de Cultura Económica, 2001.

2. Véase poe ejemplo la conferencia de Felipe Pigna "Andresito, Caudillo Revolucionario", impulsado por el Centro De Estudios Estratégicos de Misiones -CEEM-, la presidencia de la Cámara de Diputados y el vicegobernador de Misiones Hugo Passalaqcua, realizada en noviembre del 2012.

3. CHIARAMONTE, José Carlos. “Los usos políticos de la historia. Lenguaje de clases y revisionismo histórico”, Ed Sudamericana, 2013.

4. RIAL SEIJO, Eduardo. “Colección de notas y ensayos para la historia de los correntinos”, T2, Ed Amerindia, 2004.

5.HALPERÍN DONGUI, Tulio. “Revolución y guerra. Formación de una elite dirigente en la argentina criolla”. ED Siglo Veintiuno, 2002.

6. Las memorias de Fermín Felix Pampín como las de Pedro Ferré son bastante descriptivas con relación a los infortunios durante la estadía de Andresito en Corrientes.


7. GOMEZ, Hernán Felix. “Historia de la Provincia de Corrientes. Tomo II Desde la revolución de Mayo (1810) al Tratado del Cuadrilatero (1822)”. Ed Amerindia, 2010.




viernes, 18 de abril de 2014

Medio Pan y un Libro - Federico García Lorca


Locución de Federico García Lorca al inaugurar la biblioteca de su pueblo, Fuente de Vaqueros (Granada). Septiembre 1931.






 Cuando alguien va al teatro, a un concierto o a una fiesta de cualquier índole que sea, si la fiesta es de su agrado, recuerda inmediatamente y lamenta que las personas que él quiere no se encuentren allí. “Lo que le gustaría esto a mi hermana, a mi padre”, piensa, y no goza ya del espectáculo sino a través de una leve melancolía. Ésta es la melancolía que yo siento, no por la gente de mi casa, que sería pequeño y ruin, sino por todas las criaturas que por falta de medios y por desgracia suya no gozan del supremo bien de la belleza que es vida y es bondad y es serenidad y es pasión.


Por eso no tengo nunca un libro, porque regalo cuantos compro, que son infinitos, y por eso estoy aquí honrado y contento de inaugurar esta biblioteca del pueblo, la primera seguramente en toda la provincia de Granada.


No sólo de pan vive el hombre. Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle no pediría un pan; sino que pediría medio pan y un libro. Y yo ataco desde aquí violentamente a los que solamente hablan de reivindicaciones económicas sin nombrar jamás las reivindicaciones culturales que es lo que los pueblos piden a gritos. Bien está que todos los hombres coman, pero que todos los hombres sepan. Que gocen todos los frutos del espíritu humano porque lo contrario es convertirlos en máquinas al servicio del Estado, es convertirlos en esclavos de una terrible organización social.


Yo tengo mucha más lástima de un hombre que quiere saber y no puede, que de un hambriento. Porque un hambriento puede calmar su hambre fácilmente con un pedazo de pan o con unas frutas, pero un hombre que tiene ansia de saber y no tiene medios, sufre una terrible agonía porque son libros, libros, muchos libros los que necesita y ¿dónde están esos libros?


¡Libros! ¡Libros! Hace aquí una palabra mágica que equivale a decir: “amor, amor”, y que debían los pueblos pedir como piden pan o como anhelan la lluvia para sus sementeras. Cuando el insigne escritor ruso Fedor Dostoyevsky, padre de la revolución rusa mucho más que Lenin, estaba prisionero en la Siberia, alejado del mundo, entre cuatro paredes y cercado por desoladas llanuras de nieve infinita; y pedía socorro en carta a su lejana familia, sólo decía: “¡Enviadme libros, libros, muchos libros para que mi alma no muera!”. Tenía frío y no pedía fuego, tenía terrible sed y no pedía agua: pedía libros, es decir, horizontes, es decir, escaleras para subir la cumbre del espíritu y del corazón. Porque la agonía física, biológica, natural, de un cuerpo por hambre, sed o frío, dura poco, muy poco, pero la agonía del alma insatisfecha dura toda la vida.



Ya ha dicho el gran Menéndez Pidal, uno de los sabios más verdaderos de Europa, que el lema de la República debe ser: “Cultura”. Cultura porque sólo a través de ella se pueden resolver los problemas en que hoy se debate el pueblo lleno de fe, pero falto de luz.

domingo, 16 de marzo de 2014

Empresarios y prebendarios







Entre el socialismo de estado y el capitalismo laissez faire existen una multitud de sistemas híbridos que van tomando distintas molduras de acuerdo a las particularidades de la ingeniería política local. Los sistemas de concesión y la forma de entender los servicios públicos van variando de acuerdo a las experiencias, los intereses y las ideas del momento.


En el caso particular de Argentina, la legendaria “patria contratista” ejerce su soberanía en los hechos hace casi una centena. Grupos de grandes empresas proveedoras del Estado monopolizan y usufructúan los beneficios de los grandes contratos estatales y de los mega-subsidios “generosamente” otorgados por los presupuestos gubernamentales, protegidos siempre por la sombra del poder político.


Explica el tributarista Antonio Margariti que existen dos tipos de capitalismo. Uno prebendario, clientelar y de fuerte arraigo en el arribismo y el amiguismo político y otro ètico y competitivo que depende de la pasión creadora de individuos emprendedores, que se animan a arriesgarse bajo su propio esfuerzo, a competir, a crear riquezas y puestos de trabajo, sin privilegios estatales ni favores políticos y pese a la enorme inseguridad jurídica.


Curiosamente –explica Margariti- este capitalismo prebendario no sólo está integrado por capitalistas sino también por sindicalistas, políticos y dirigentes civiles que generan un círculo vicioso de complicidad y connivencia política. Ellos llegan al poder por la concesión o el favor del poder político de turno, sienten animadversión por la competencia y subsisten con medidas proteccionistas.


Viven básicamente de subsidios, del presupuesto público y de gobiernos que crean mercados cautivos y monopolios artificiales para beneficio de unos pocos perseguidores de privilegios que responden luego con retornos y dinero en la campaña. De allí el temor a opinar de estos “empresarios”, su ausencia de juicio crítico y la obsecuencia demostrada con actitudes indecorosas que solo buscan la caja. Dispensas, permisos, favores, ayudas, subsidios y exenciones constituyen los ingredientes esenciales de este pacto espurio entre capitalismo prebendario y poder político.


Éste  “empresario exitoso”, favorecido con privilegios oficiales, no necesita de esfuerzos ni méritos, tan sólo la audacia de conseguir las influencias oficiales correctas.
El caso de ERSA en la ciudad de Corrientes es un caso típico de empresa que crece gracias a las licitaciones de privilegio. Desde hace mas de 15 años, se ha encargado de hacer persistir sus trazas monopólicas, exenciones impositivas, subsidios estatales y cláusulas proteccionistas absurdas que impiden la competencia con otras posibles prestatarias de otros lugares.


El resultado de este tipo de capitalismo son empresas deficitarias, con empresarios opulentos y servicios rezagados. Resulta de esto que el concesionario no depende ni responde al usuario, sino al Estado que le brinda subsidios y privilegios y resulta su principal fuente de ganancia.


Un capitalismo competitivo y transparente, con un marco legal transparente y estable, adaptado a las condiciones sociales, en cambio, permitiría la competencia y el acceso a distintos precios y servicios robusteciendo el poder decisivo del consumidor.



Pero mientras subsista este sistema de empresas depredadoras de subsidios y acumuladoras de favores monopólicos, el transporte público en Corrientes seguirá siendo deficitario y terminará colapsando por su propio peso y contradicción, a la espera de una reforma sustancial.

domingo, 9 de marzo de 2014

Rescatando a Juana Manso

Rodéame la indiferencia y persisto;
brisas glaciales se ciernen sobre mi cabeza y persisto;
acaso la perseverancia de un apostolado que se desecha por inútil
será la sola memoria que dejaré a mi patria

Juana Paula Manso








Hay personas que sientan y siembran las ideas. Cavan en el duro terruño de la tradición, remueven su fondo e injertan las semillas de la civilización, la igualdad y libertad. En tiempos donde era un dogma que la mujer debía ser sumisa, estar bajo la autoridad del padre primero y del marido después, Juana Manso (1819 - 1875) hace retumbar  los cimientos coloniales que aún sostenían la cultura de la Argentina independiente.


Educadora, escritora, traductora, periodista, maestra y precursora del feminismo en Argentina, Uruguay y Brasil. Su vida atravesó el período en el que el territorio de las Provincias Unidas del Río de La Plata estaba signado por las guerras de la independencia, las disputas con países limítrofes y las guerras civiles que disputaban el modo en que debía constituirse el Estado, la Nación y el gobierno de los nuevos países.


En concordancia a la generación del 37 (de las que formaban parte Esteban Echevarría, Juan María Gutiérrez, Juan Bautista Alberdi y su admirado Domingo Faustino Sarmiento, entre otros) defendía las ideas de emancipación, republicanismo, ilustración, progreso, soberanía del pueblo y progreso. Impulsó por ello el abandono de las formas opresivas como la esclavitud y el racismo, luchó infatigablemente contra los prejuicios y la intolerancia y por la necesidad de superar las convenciones sociales coloniales, familiares y religiosas que atentaban contra las libertades civiles y de conciencia de la mujer. El espacio femenino de entonces había estado constituido por el escenario doméstico; la igualdad de capacidades y oportunidades y el derecho a la realización personal de las mujeres estaban excluidos del discurso público. Manso lo introdujo y apuntó al fortalecimiento de la individualidad de la mujer, con participación en el campo intelectual, laboral, educacional y social.


Afirmó de manera contundente “Todos mis esfuerzos serán consagrados a la ilustración de mis compatriotas, y tenderán a un único propósito: Emanciparlas de las preocupaciones torpes y añejas que les prohibían hasta hoy hacer uso de su inteligencia, enajenando su libertad y hasta su conciencia, a autoridades arbitrarias, en oposición a la naturaleza misma de las cosas. Quiero y he de probar que la inteligencia de la mujer, lejos de ser un absurdo, o un defecto, un crimen, o un desatino, es su mejor adorno, es la verdadera fuente de su virtud y de la felicidad doméstica.”


Su feminismo liberal tronaba y removía el subsuelo. No era la suya una mirada acotada, criticaba ya en pleno S.XIX lo que hoy llaman la cosificación de la mujer  y quería asegurar los derechos civiles de ellas, de trabajar, contratar y disponer del fruto de su trabajo:


“Por qué reducirla al estado de hembra cuya única misión es perpetuar la raza?...
Por qué cerrarles las veredas de la ciencia, de las artes, de la industria, y así hasta la del trabajo, no dejándoles otro pan que el de la miseria, o el otro mil veces horrible de la infamia?

…Todo le quitáis a la mujer! Todo lo que puede caber en la misión grandiosa de la inteligencia, donde toman parte la sensibilidad y la voluntad libre. Pero le halagáis su vanidad, le excitáis el amor al lujo, a los dijes, a los tocados; ciegos idólatras de su belleza sois el incentivo funesto de la corrupción, porque si no sabe lo que es su alma, qué le importa a la mujer venderla por un puñado de alfileres de oro?...”


En 1859 conoció a Domingo Faustino Sarmiento, con quien compartió las ideas sobre la escuela pública y mixta. Cuando él fundó la Escuela de Ambos Sexos Nº 1 la nombró directora y apoyó la redacción de los Anales de la Educación desde donde Juana Manso difundió las ideas sarmientinas y los nuevos planes de enseñanza. En ellos postuló el aprendizaje basado en la observación y la reflexión, el metodismo, el respeto a las necesidades y grados de maduración del niño.


Se impuso así contra los maestros que defendían los métodos de la disciplina rígida y que “la letra con sangre entra”. Juana creía que las escuelas debían ser lugares alegres, luminosos y limpios. Que al niño había que despertarle el interés por aprender a través del buen trato, del ejemplo, del juego. Sarmiento dijo de ella "Juana Manso es la única de su sexo que ha comprendido que bajo el humilde empleo del maestro está el sacerdocio de la libertad y la civilización..."


En medio de críticas duras por sus ideas, Juana Manso inauguró con mucha dificultad un espacio decididamente ajeno a la época: la conferencia. Mediante ellas se dirigió principalmente al público femenino con el propósito de dar a conocer sus ideas sobre política y religiosidad, hecho que generó acusaciones e irritación inusitadas. Las conferencias para maestras destinadas a la profesionalización de la docencia no corrieron mejor suerte. Las clases consistían en lecturas y ejercicios para la instrucción en diversas materias pero la reacción ante ellas terminó con un pedido a la autoridad educativa para que sean suspendidas acusando de inmorales las clases de gimnasia que Manso intentaba introducir.  Sarmiento, con motivo de alentarla le expresó en una carta: “Son las lecturas las que irritan. Es la primera vez que se introduce la práctica de hablar en público sobre cualquier materia. Sólo el púlpito estuvo en poder de esa prerrogativa. Hoy lo está el pensamiento”.


Más no se quedó allí y dirigió y publico anales y revistas, escribió y tradujo novelas, compendios de Historia Argentina, fundó bibliotecas y jardines de infantes, organizó escuelas parroquiales llevando las nuevas ideas educacionales, redactó un periódico de mujeres donde expuso sus ideas de igualdad de la mujer, y como broche de oro, hasta le organizó la campaña presidencial a Sarmiento!!! Una verdadera hacedora, tal vez más que su amigo Domingo Faustino, a quién dejaba estupefacto, de quién sentía una honda admiración diciendo que era "el hombre más capaz".


Su obra incansable y su tenacidad la llevaron a tener que escuchar epítetos de toda monta. Hombres y mujeres, dirigentes políticos y religiosos, diarios, publicaciones llovieron contra ella y sus nuevas ideas.


Enferma y en la pobreza, muere sin honores en 1875.  Por entonces y aun enferma seguía enseñando a leer y a escribir a los niños que vivían en su humilde barrio. Se había convertido al protestantismo y, antes de morir, le pidieron que renegase de su fè para poder ser enterrada en el cementerio local. Se permitió su última rebeldía y no lo hizo. Finalmente fue  enterrada en el cementerio inglés, con la siguiente leyenda: “Aquí yace una argentina que, en medio de la noche de la indiferencia que envolvía a la patria, prefirió ser enterrada entre extranjeros antes que profanar el santuario de su conciencia”.


En su oración fúnebre al despedir sus restos Juana Manuela Gorriti expresó "Juana Manso gloria de la educación, sin ella nosotros seríamos sumisas, analfabetas, postergadas, desairadas. Ella es el ejemplo, la virtud y el honor que ensalza la valentía de la mujer, ella es, sin duda, una mujer".


En 1915, sus restos fueron depositados en el Panteón del Magisterio, en el cementerio de la Chacarita.



domingo, 2 de marzo de 2014

12 años de esclavitud

Sueño que un día, 
en las rojas colinas de Georgia, 
los hijos de los antiguos esclavos 
y los hijos de los antiguos dueños de esclavos, 
se puedan sentar juntos a la mesa de la hermandad

Martin Luther King







Solomon Northup, hijo de esclavos emancipados en el Norte, fue un hombre libre que vivía con su esposa y tres hijos en Nueva York. Aunque no gozaba de los mismos derechos que los blancos (los negros no podían votar), tenía formación de músico y su familia vivía decentemente. Sin embargo, sus desgracias comenzaron cuando en 1841, 20 años antes de la guerra de secesión, se dejó timar por dos blancos que lo llevaron hasta Washington, donde la esclavitud era legal, con la promesa de que lo contratarían para tocar el violín en un circo itinerante. En realidad era una trampa para venderlo como esclavo y trasladarlo al Sur, donde pasó de ser un individuo libre a un animal encadenado y sujeto a los arbitrarios castigos de sus dueños. De esa terrible experiencia, de la que Northup milagrosamente sobrevivió y pudo escapar gracias a la gestión de un canadiense que supo de su caso y alertó a su familia en el Norte, pudo recuperar su libertad.


La película dirigida por Steve McQueen, basada en hechos reales y en la novela autobiográfica del mismo título, “12 años de esclavitud”, no ahorra al espectador en ningún momento ser testigo de primera fila del dolor y el terror al que se ve sometido el protagonista, alejado cruelmente de sus seres queridos, apaleado y torturado física y psicológicamente sin piedad por sus captores y la mayoría de aquellos que pasan a considerarse sus amos y dueños absolutos de su vida.





Luego de estos episodios, Northup escribió el libro que fue bestseller en su época. Más no se quedó allí y su labor de concientización de los crímenes que se cometían contra los negros fue más allá: se unió a los abolicionistas y a la red clandestina Underground Railroad que ayudaba a los esclavos fugitivos. Eran pioneros del movimiento de lucha civil que mucho después logró acabar parcialmente con la segregación racial.


Lo novedoso de ésta película es que se centra en el problema de la esclavitud, en su moralidad, en la lucha entre la justicia y la legalidad, y no solamente en la formación de una cultura “negra” independiente como nos tienen acostumbrados los amigos de Hollywood al tocar esta problemática.


Como bien señala el historiador norteamericano Edmund Morgan, haciendo énfasis en las ideas de libertad que se suceden a la separación de Gran Bretaña, como colonos del imperio los norteamericanos libres aceptaron el control limitado de sus actividades. No obstante, cuando disolvieron la conexión y basaron su gobierno en el consentimiento de los gobernados, abrieron las puertas a una libertad más amplia de lo que percibieron en aquel momento. Reconocieron la evidente contradicción entre la proclamación de la igualdad y la libertad y el hecho de continuar poseyendo esclavos (blancos y negros) y esperaban resolverla en algún momento indeterminado del futuro. En última instancia, se necesitó una guerra civil.


Y se necesitó una guerra porque esclavitud y libertad son opuestos irreconciliables. Ciertos estudios han sostenido que el triunfo de los afroamericanos en mantener una vida propia ha redundado en el reconocimiento de que la esclavitud era entonces una relación negociada. Si bien la esclavitud nunca fue tan absoluta como los esclavistas y propietarios de esclavos reclamaron que fuera, las relaciones negociadas entre amo y esclavo jamás, naturalmente, se habían acercado a una relación entre iguales. El esclavo podía sacar provecho de su conducta creando situaciones que estaban más allá del control del amo y que disminuían el trabajo, otros conseguían su libertad luego de largos años de “trabajo”, incluso es posible que algunos hayan tenido privilegios y estatus, pero en ningún tiempo ha existido un estado intermedio entre la esclavitud y la libertad, ni un conjunto de pasos preestablecidos que llevara progresivamente hacia ella.




Morgan, en su “Esclavitud y libertad en los Estados Unidos” encontrará la génesis del problema en el pasado colonial de Virginia, la más antigua y rica colonia inglesa de América, donde el cultivo del tabaco en grandes plantaciones sometió a sirvientes blancos y a esclavos africanos al mismo régimen opresivo. La primera reacción colectiva contra éste régimen provino de los blancos pobres, quienes en 1676 encabezaron una violenta rebelión.


Consecutivamente, la ampliación de esclavos permitió suplir a los sirvientes blancos en las plantaciones. A la sazón el racismo, basado en la arrogancia y la autoimpuesta superioridad racial, emergió como la ideología política unificadora de las elites y los blancos pobres para garantizar la paz social. A la esclavitud africana se opuso, desde comienzos del S.XVIII, la libertad de los blancos, miembros exclusivos y solidarios de una república racialmente homogénea. Para Morgan esta solución política inaugurada por la elite de Virginia madurará en el S.XIX, en el racismo popular, que subsistirá en USA hasta mediados del S.XX.



En definitiva, si de algo sirve la película de Mc Queen, es sin dudas para advertirnos la importancia de no olvidar lo que ha sido el tortuoso camino de los derechos civiles.